Aunque llevamos ya casi treinta años sin aquello que los niños de mi época llamábamos los "Palos del Castillo" aún perdura entre mis buenos recuerdos aquellos momentos tan agradables y festivos que pasábamos allí jugando, unas veces los utilizábamos como portería para jugar al fútbol, otras para tomar la sombra después de haber estado jugando, o mariscando en el corral de "Ramoncito", subiéndonos a ellos con los pantalones arremangados para no mojarnos mientras bajaba la marea, o simplemente trepando en ellos a ver quien aguantaba más tiempo colgado de los brazos a aquellos palos.

A veces, como no éramos conscientes de la utilidad ni del significado de aquella empalizada, pues el dueño del Hotel Castillo nos reñía y nos echaba, no dejándonos jugar allí.

¿ Pero qué era realmente aquello que a los niños nos encantaba y los mayores solían aprovechar durante el verano para tomar la mejor sombra que la playa de la Cruz del Mar tuvo siempre?

Pasado un tiempo comencé a darme cuenta de que era una empalizada que sostenía el comedor del Hotel Castillo. No tuve nunca la ocasión de disfrutar de él, comiendo o bebiéndome una cerveza sobre sus maderas, curadas con agua y sailtre, pero debía de ser una pasada, ya que no creo hubiese entonces un lugar mejor para ello en Chipiona.

© Juan Luis Naval Molero. Cronista Oficial de la Villa Artículo completo

Nombre: Juan Luis Naval Molero.

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Historiador. Cronista Oficial de la Villa de Chipiona, prolífico conferenciante y gran conocedor de la historia y cultura de Chipiona, es autor entre otros de los libros Corrales de Pesquería, Recopilación de la Obra literaria de José Miranda de Sardi, Chipiona en la Memoria, o el más reciente, Acín Hablamoh, Ortología y léxico del habla chipionera